
Este modelo, de Leonor Walker, permitió comprender que las agresiones en el seno de la pareja no ocurrían al azar, sino que responden a un patrón sistematizado.
De esta manera se podrían idear estrategias de prevención e intervención antes de llegar a consecuencias fatales.
Fase 1: Incremento de la Tensión
En esta etapa la dinámica de la pareja comienza a sentirse en tensión emocional, surge la violencia verbal, psicológica y económica.
Contempla tres componentes:
1. Incertidumbre: las amenazas de abandono o el temor a las consecuencias comienzan a generar incertidumbre en la víctima. Asuntos del pasado que han causado incomodidad salen a relucir, la agresión va escalando sin poder lograr acuerdos.
2. Detonante: los supuestos argumentos que justifican la violencia por parte del agresor son enfatizados.
3. Actos de Tensión: este tipo de conductas son una alerta del acto agresivo próximo a ocurrir y dependen de la dinámica y características de la pareja.
Fase 2: Incidente de Actuación Violenta
La tensión acumulada en la fase anterior provoca un estallido produciéndose una descarga de violencia física.
Igualmente se pueden identificar las siguientes subcategorías:
1. Violencia: es la agresión propiamente dicha que produce lesiones y dolor a nivel físico, siendo justificadas por el agresor como un castigo merecido.
2. Defensa – Autoprotección: dependiendo de los rasgos de la víctima y el contexto, se desplegará una respuesta bien pudiese ser durante la agresión o posteriormente para protegerse.
Fase 3: Luna de Miel Falsa
Luego de la descarga, la tensión disminuye se presentan tres elementos en la dinámica de la pareja.
1. Reconciliación: el agresor se muestra arrepentido por su acción y ofrece promesas de no repetir esa conducta, mostrándose además excesivamente complaciente con su pareja.
2. Justificación: el agresor justifica su conducta con diferentes argumentos que pueden ser convincentes para su pareja, haciéndola incluso dudar sobre si es responsable también de lo ocurrido.
3. Aceptación: la violencia comienza a instalarse como una estrategia común en la resolución de conflictos dentro de la pareja, volviéndose cotidiana.
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